Mosaicos graníticos y calcáreos: diferencias, usos y cuidados
El granítico es duro y se pule; el calcáreo es más poroso y permite dibujos. Cómo se fabrican, dónde conviene cada uno, cómo combinarlos y cómo cuidarlos.
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Si estás pensando en un piso con historia y carácter, los mosaicos graníticos y calcáreos son dos de las opciones más lindas y duraderas que se fabrican en Argentina. Esta nota explica en qué se diferencian, dónde conviene usar cada uno, cómo combinarlos con la deco actual y qué cuidados necesitan para durar décadas.
Qué es un mosaico granítico
El granítico es una pieza de cemento con una capa superior hecha de granos y escamas de mármol y otras piedras. Una vez colocado se pule en obra, y ahí aparece su terminación característica: lisa, brillante y con el salpicado de piedra a la vista.
Es muy resistente al tránsito, por eso se ve en tantos pasillos de edificios, escuelas y casas de los años 50 a 70. El material no permite dibujos detallados dentro de una misma baldosa, pero combinando colores se arman dameros, guardas y alfombras muy vistosas. Otra ventaja: se puede repulir, así que si con los años pierde brillo o se raya, un pulido lo deja como nuevo. Las medidas más habituales son 30 x 30 cm y 40 x 40 cm, aunque hay otros formatos.
Qué es un mosaico calcáreo
El calcáreo tiene una base de cemento y una capa de vista de cemento (común o blanco), polvo de mármol, arena y pigmentos. La diferencia clave es que el dibujo se hace en cada pieza, con un molde que separa los colores. Por eso permite flores, estrellas, arabescos y geométricos complejos. Su formato clásico es de 20 x 20 cm.
Lo que conviene saber antes de elegirlo:
- Es artesanal. Cada partida puede tener pequeñas variaciones de tono y de línea. Es parte de su encanto, pero conviene comprar todo junto y algo de más para reposiciones.
- Es más poroso que el granítico, así que necesita sellado.
- Se consigue nuevo y recuperado. En casas de demolición y ferias aparecen lotes originales de casas chorizo y PH, ideales si querés recuperar un piso de época.
Dónde conviene usar cada uno
Granítico: zonas de mucho uso como entradas, pasillos, cocinas, livings integrados y galerías techadas. También se usa en mesadas y escalones. Si buscás un look actual, los graníticos de grano grande en tonos claros o con escamas de colores están muy vigentes.
Calcáreo: cocinas, baños, lavaderos, patios cubiertos y también como alfombra dentro de un piso liso. Un sector de calcáreos debajo de la mesa del comedor o en la entrada marca el espacio sin necesidad de alfombra. En paredes, detrás de una mesada o en una ducha, suman mucho color.
En exteriores descubiertos ambos sufren más: el calcáreo puede desgastarse y perder color con sol y lluvia, y los dos pueden ponerse resbaladizos mojados. Si vas a usarlos afuera, que sea bajo techo o con terminaciones antideslizantes.
Para combinarlos con la deco de hoy, la regla es que haya un solo protagonista: si el piso es un calcáreo con mucho dibujo, dejá paredes lisas y muebles simples. Una transición de calcáreo en la cocina a madera o vinílico símil madera en el living queda cálida y ordenada, siempre con el cambio marcado por una línea recta o un perfil de terminación. El granítico, en cambio, combina muy bien con cemento alisado o microcemento para un look industrial suave. Los calcáreos en blanco, negro y gris son los más versátiles; los que tienen verdes, ocres o azules funcionan muy bien en ambientes con mucha luz natural.
Colocación y mantenimiento
La colocación es tradicional, con mezcla o adhesivo sobre una carpeta nivelada y juntas finas con pastina. En el granítico, el pulido final se hace después de colocado. En el calcáreo, conviene sellar antes de tomar las juntas, para que la pastina no manche la superficie.
Para el día a día, limpiá con agua y jabón neutro. Evitá lavandina pura, ácidos y productos abrasivos, que atacan el cemento y el mármol. Sellá el calcáreo con un hidrorrepelente o una cera específica, y renová el tratamiento cada tanto según el uso. Secá enseguida derrames de vino, aceite o limón, que pueden dejar mancha, y poné fieltros en las patas de sillas y mesas.
Bien cuidados, estos mosaicos duran décadas y mejoran con el tiempo, algo que pocos pisos pueden decir.