decocasa

Inicio / Cocinas

Cocina americana: cómo es el antes y después de abrir la cocina al living

Abrir la cocina al living suma luz y amplitud, pero también pide resolver guardado, humo y circulación. Qué cambia en una reforma y cómo planificarla bien.

4 min de lectura

Cocina abierta con isla blanca integrada al comedor y al living con ventanales
Foto: rawpixel · CC0

Si estás pensando en tirar abajo la pared que separa la cocina del living, esta nota es para vos: repasamos qué cambia realmente cuando una cocina cerrada pasa a ser americana, qué se gana, qué se pierde y qué conviene decidir antes de llamar a nadie para romper.

Qué se gana al abrir la cocina

El cambio más visible es la luz. En muchos departamentos porteños la cocina es un cuarto interno o con una ventana chica al pulmón de manzana, y al integrarla con el living empieza a recibir la luz de las ventanas principales. Lo mismo pasa al revés: el living se ve más grande porque la vista llega más lejos.

El segundo beneficio es la comunicación. Quien cocina deja de estar aislado y puede charlar, mirar a los chicos o seguir lo que pasa en la mesa. Para familias con hijos chicos esto suele ser el motivo principal de la reforma.

También aparece un lugar nuevo: la barra o desayunador. Donde antes había una pared, ahora puede haber una mesada que funcione como apoyo para cocinar de un lado y como mesa rápida del otro. En ambientes chicos, esa barra muchas veces reemplaza al comedor.

Lo que se pierde (y cómo compensarlo)

El precio de la integración casi siempre es el guardado. La pared que se elimina solía tener alacenas o un mueble alto, y al abrir el espacio ese metro lineal desaparece. Algunas formas de recuperarlo:

  • Sumar alacenas hasta el techo en las paredes que quedan, aunque el último estante sea para cosas de uso ocasional.
  • Hacer que la barra tenga cajones o puertas del lado de la cocina.
  • Aprovechar el bajo mesada con cajoneras completas en lugar de puertas con un solo estante.
  • Armar una columna para horno y microondas empotrados que libere mesada.

Otra pérdida es la privacidad del desorden. En una cocina abierta, los platos sucios y las ollas quedan a la vista de las visitas. Por eso conviene prever una pileta profunda, un escurridor que se pueda guardar y algún sector de mesada fuera del campo visual del sillón.

Humo, olores y ruido

Este es el punto que más se subestima. Si la cocina va a estar abierta, la campana deja de ser opcional. Elegí una con salida al exterior siempre que el edificio lo permita; las de recirculación con filtro de carbón ayudan, pero no sacan la humedad ni el calor. El tamaño de la campana tiene que ser al menos igual al ancho del anafe.

Con los ruidos pasa algo parecido: lavarropas, lavavajillas y heladeras viejas se escuchan mucho más en un ambiente integrado. Si vas a renovar electrodomésticos, mirá los niveles de ruido declarados por el fabricante y, si podés, sacá el lavarropas a un lavadero aparte.

Antes de romper: lo técnico

No todas las paredes se pueden tirar. Antes de cualquier decisión, un arquitecto o ingeniero tiene que verificar si el muro es portante, si tiene columnas embutidas o si por adentro pasan cañerías de gas, agua o desagües. En edificios de propiedad horizontal, además, hay que revisar el reglamento y avisar a la administración.

Con gas natural, la ventilación reglamentaria tiene que seguir cumpliéndose después de la reforma, y cualquier cambio de cañerías requiere un profesional matriculado.

También pensá en el piso. Si el living tiene parquet y la cocina cerámica, al unir los ambientes queda una línea de corte. Podés resolverla con una solia o un cambio de material bien marcado debajo de la barra, o unificar con un porcelanato símil madera que soporte agua y grasa.

Cómo lograr que el después se vea armado

Una cocina americana se ve bien cuando parece parte del living y no una cocina con la pared arrancada. Algunas claves:

Elegí frentes de muebles que dialoguen con el resto de la casa. Si el living es cálido, sumá madera o laqueados en tonos neutros en lugar de blanco brillante de punta a punta.

Marcá zonas con luz. Una línea de colgantes sobre la barra separa visualmente la cocina del estar sin necesidad de paredes, y una luz bajo alacena permite trabajar sin encender todo.

Dejá pasos libres generosos. Entre la barra y la mesada de trabajo conviene que queden al menos 90 centímetros, y si dos personas cocinan juntas, más cerca de un metro veinte. Las banquetas de la barra necesitan unos 60 centímetros por persona y una altura acorde: para barras de 90 centímetros, banquetas de 60 a 65; para barras de un metro diez, de 75 a 80.

Ordená la mesada. Lo que queda a la vista se vuelve decoración, así que elegí pocos objetos lindos y guardá el resto. Una tabla de madera, un frasco con utensilios y una planta alcanzan.

El antes y después de una cocina americana bien pensada es notable: más luz, más conversación y un living que de golpe parece otro. La clave está en no apurarse con la maza y resolver primero guardado, ventilación y circulación.