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Dormitorios matrimoniales: detalles que cambian el cuarto sin obra

Almohadones, una manta al pie de la cama, el respaldo, la luz y las cortinas alcanzan para renovar un dormitorio matrimonial sin cambiar muebles ni hacer obra.

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Cama matrimonial con almohadones en capas, acolchado estampado y lámparas blancas a cada lado
Foto: rawpixel · CC0

Si sentís que tu dormitorio matrimonial está aburrido pero no querés cambiar muebles ni hacer obra, esta nota te muestra los detalles que más impacto tienen. Muchas veces, con cambiar los almohadones y agregar una manta a los pies de la cama, el cuarto se ve distinto. Y si sumás luz, textiles y algún objeto bien elegido, el cambio es completo.

La cama, primer protagonista

En un dormitorio la cama ocupa la mayor parte de la superficie visible, así que todo lo que pase sobre ella cambia el ambiente. Algunas claves:

  • Almohadones en capas: primero las almohadas de dormir, después dos almohadones grandes de respaldo y, al frente, uno o dos más chicos. Con tres o cuatro alcanza; más que eso se vuelve incómodo de sacar todas las noches.
  • Una manta o pie de cama: doblada a lo largo del tercio inferior de la cama, suma color y textura. Funciona en cualquier estación: lino o algodón en verano, lana en invierno.
  • Ropa de cama lisa como base: blanco, crudo, gris o arena. El color y el estampado se ponen en almohadones y mantas, que se cambian más fácil.

Jugá con texturas: lino lavado, algodón con trama, tejido de punto, terciopelo. La mezcla de materiales hace más que la mezcla de colores. Y si sumás color, que sean dos o tres tonos que se repitan, no almohadones de cinco colores distintos.

El respaldo, un cambio grande con poco

Si tu cama no tiene respaldo o tiene uno que no te gusta, es el detalle que más transforma. Un respaldo tapizado colgado de la pared se puede hacer a medida. Un panel de madera o de varillas de pared a pared detrás de la cama le da otra escala al cuarto. Y si no querés gastar en muebles, pintar solo esa pared de un color distinto, o pintar un rectángulo que simule un respaldo, logra mucho con poco. El empapelado en esa única pared es otra opción que se coloca en una tarde.

Para un respaldo, una altura de entre 1,10 y 1,30 m desde el piso suele quedar bien proporcionada en techos de 2,60 m.

Mesas de luz y lámparas

Dos mesas de luz iguales dan orden; dos distintas, más personalidad. Lo importante es que estén a una altura parecida a la del colchón, para apoyar cosas sin estirarse.

Cambiar las lámparas es otro detalle con mucho efecto. Pantallas de lino o de papel con luz cálida suavizan el ambiente, mientras que la luz fría lo vuelve poco acogedor. Si las mesas son chicas, los apliques de pared liberan superficie. Y sumar una tercera fuente de luz, como una lámpara de pie en un rincón, permite apagar la luz de techo y lograr un clima más cálido de noche.

Cortinas, alfombras y cuadros

Las cortinas largas hasta el piso, colgadas cerca del techo y un poco más anchas que la ventana, hacen que el cuarto parezca más alto y más grande. Colgarlas justo arriba del marco, en cambio, achica el ambiente.

Una alfombra debajo de la cama, que sobresalga unos 50 o 60 cm a los costados, da calidez al levantarse. Y un cuadro grande o dos medianos sobre el respaldo terminan la composición. Usá un sistema de cuelgue firme o apoyalos en un estante angosto para no tener que perforar varias veces.

Orden y objetos

Un dormitorio con menos cosas a la vista se siente más descansado. Revisá las mesas de luz y la cómoda: dejá solo lo que usás y lo que te gusta mirar. Una bandeja reúne objetos chicos; una planta, un libro y una vela alcanzan para decorar.

Un banco o un baúl al pie de la cama suma un lugar donde apoyar la ropa del día siguiente y evita la silla cargada de ropa. También conviene que la cama, y no el televisor, sea el foco del cuarto: es el lugar para descansar, y la decoración tiene que acompañar esa idea.

En un dormitorio matrimonial, los detalles tienen más poder que los muebles. Con textiles bien combinados, una buena luz y un poco de orden, el cuarto se renueva sin obra y sin vaciar el placard.