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Cómo ordenar los zapatos en el placard o el vestidor: ideas que ahorran espacio

Cajas con visor, estantes inclinados, zapateros de puerta y medidas de módulo: ideas para ordenar los zapatos en el placard o el vestidor, verlos y cuidarlos.

3 min de lectura

Zapatos chatitas de colores alineados en estantes metálicos de un zapatero
Foto: rawpixel · CC0

Si cada mañana terminás revolviendo cajas para encontrar un par de zapatos, o se te acumulan en el piso del placard, hay soluciones simples para ordenarlos, verlos de un vistazo y cuidarlos mejor. Esta nota reúne ideas para placares chicos y vestidores, con medidas útiles y errores que conviene evitar.

Primero, depurar y separar

Antes de comprar organizadores, sacá todos los zapatos y separalos en tres grupos: los que usás seguido, los de temporada u ocasión, y los que ya no usás. Estos últimos van a donación o reparación. Este paso solo libera muchísimo espacio.

Después, ubicá cada grupo según la frecuencia de uso. Lo de todos los días va a la altura de la mano y la vista; lo de temporada, arriba o abajo; los de fiesta, protegidos en cajas.

Cajas con visor: orden y protección

Las cajas transparentes o con visor frontal son una de las mejores soluciones para placares y vestidores. Permiten ver el par sin abrir la caja, protegen del polvo y se apilan de forma prolija.

Fijate que tengan apertura frontal, como un cajón o una tapa que baja hacia adelante. Así podés sacar los zapatos sin desarmar la pila. Si usás cajas opacas, pegá en el frente una foto o una etiqueta con el par que contiene. Las cajas de un mismo color y medida hacen que el interior del placard se vea mucho más ordenado.

Estantes, zapateros y otras soluciones

Según el espacio que tengas, hay distintas opciones:

  • Estantes inclinados con traba. Muestran los zapatos de frente y ocupan poca profundidad. Una moldura en el borde evita que se resbalen.
  • Estantes fijos o regulables en la parte baja del placard, con altura pensada para cada tipo de calzado.
  • Zapatero colgante de tela con bolsillos, en el interior de la puerta o colgado de la barra.
  • Zapatero de puerta abatible, un mueble angosto, ideal para la entrada o un pasillo.
  • Bandejas extraíbles en vestidores, que se deslizan como cajones y permiten ver todo.
  • Cajones bajo la cama, para el calzado de otra estación.
  • Banqueta con guardado en el vestidor, que además sirve para sentarse a calzarse.

Medidas que ayudan a planificar

Si vas a diseñar un módulo para zapatos dentro del placard, algunas medidas de referencia:

Profundidad. Un zapatero puede funcionar con 30 a 35 cm de profundidad si los zapatos se ubican de frente, mucho menos que los 55 a 60 cm habituales de un placard. Eso permite aprovechar rincones angostos.

Altura entre estantes. Para zapatillas, zapatos bajos y sandalias, alcanza con unos 15 a 20 cm. Para zapatos de taco, unos 20 a 25 cm. Las botas cortas necesitan alrededor de 35 a 40 cm, y las botas altas más de 50 cm, salvo que las guardes con un soporte que las mantenga derechas.

Ancho por par. Calculá en promedio entre 20 y 25 cm por par de adulto, un poco más para zapatillas grandes o botas.

Los estantes regulables son una buena inversión: lo que hoy son zapatos bajos, mañana pueden ser botas.

Cuidar los zapatos mientras están guardados

Un placard ordenado también es un placard que cuida lo que guarda. Algunos hábitos que suman:

Dejá ventilar los zapatos unas horas después de usarlos antes de guardarlos, sobre todo en verano. Guardar calzado húmedo favorece el mal olor y los hongos.

Usá hormas de madera o papel dentro de los zapatos de cuero para que mantengan la forma. Las botas altas se conservan mejor con un relleno o un soporte que evite que se doblen.

Evitá las bolsas de nylon cerradas, que no dejan respirar el cuero. Las bolsas de tela o las cajas con orificios de ventilación son mejores. Un saquito de cedro o de lavanda ayuda con el olor y las polillas.

Limpialos antes de guardarlos por temporada, y revisalos al cambiar de estación.

Por último, los errores más comunes: apilar cajas sin abertura frontal, que obliga a desarmar todo; meter los zapatos en el fondo del placard, donde se mezclan con bolsos y se aplastan; ocupar con zapatos el espacio que debería ser para colgar ropa; y no dejar lugar para lo nuevo. Si cada vez que entra un par sale otro, el orden se mantiene solo.